En el flanco norte del monte Jaizkibel hay una serie de pequeñas regatas paralelas entre sí, como Inalurreta, Sagatxa, Zubitondo, Arangua, Marguzes y Agindegi, que en su camino hacia el mar han erosionado el relieve formando profundos valles. De esta forma, se ha configurado una espectacular morfología de acantilados que recuerdan el fuelle de un acordeón por su forma en zig-zag, y que se denominan valles en chevron. En algunos casos, las regatas terminan en una pequeña catarata suspendida sobre el acantilado, debido a que la incisión fluvial es más lenta que el proceso de erosión marina del acantilado.

Copia de 140502

Las características de las rocas de Jaizkibel, cohesionadas por un cemento carbonatado fácilmente soluble por el agua, junto con su configuración en grandes capas de arenisca intercaladas por materiales litológicos más blandos, y la existencia de una red de fracturas, hace que las aguas superficiales penetren en el sustrato rocoso creando una red de aguas subterráneas. Aunque no existe aún mucha información sobre la dimensión y características de este acuífero, sí parece que no se trata de una masa única de agua, sino más bien de diferentes acuíferos menores con un grado variable de conexión entre sí.

Las aguas superficiales, al penetrar por las fracturas de las rocas y las juntas de los estratos, disuelven la roca, llegando incluso a generar simas y cuevas similares a los sistemas kársticos, aunque al ser de menor desarrollo se han denominado pseudokarst. En Jaizkibel se han inventariado centenares de cavidades, la mayor de unos 110 metros de desarrollo. Algunas de ellas están recorridas por corrientes de agua que continúan el proceso de disgregación de la arenisca por disolución de su cemento carbonatado; en algunas zonas, se han descrito unas delgadas láminas por precipitación del carbonato disuelto en las aguas, conocidas como espeleotemas.